martes, 6 de enero de 2009

EL CALLEJÓN DE LOS ISLANDESES (II)

ICELAND

Los expertos policiales recogieron muestras de sangre y las analizaron. Gudni, uno de los agentes, nacido en el Callejón de los Islandeses, fotografió las inscripciones y colaboró en su interpretación, que se realizó con la ayuda de especialistas en runas y en antiguos mitos escandinavos. Otros policías indagaron en los centros sanitarios y preguntaron a los vecinos del astillero abandonado.

En poco menos de una semana Henry Laxalt tuvo los informes sobre su mesa. De acuerdo con ellos, la sangre encontrada entre los restos de la explosión pertenecía a dos personas distintas. Además, una parte del suelo había sido limpiado apresuradamente, por lo que las heridas podían ser mayores de lo que la escasa cantidad de sangre encontrada parecía evidenciar. En las urgencias del hospital del Barrio habían sido atendidas dos personas que podían corresponderse con las que los investigadores buscaban. Habían recibido atención por heridas de importancia ocasionadas, según contaron, por un accidente doméstico. Se trataba de dos mujeres, de alrededor de veinticinco años, que utilizaron nombres falsos. Contraviniendo la recomendación de los doctores, las muchachas habían decidido marcharse rápidamente, una vez realizadas las primeras curas. Laxalt se quedó impresionado al leer en el informe médico que a una de ellas le habían sido amputados dos dedos de su mano izquierda.

El informe sobre las inscripciones que se habían encontrado en el lugar del estallido fue sorprendente. Los expertos concluían que aquellos signos extraños eran referencias a antiguos dioses y héroes de las sagas islandesas, así como a otros seres de la mitología nórdica. Según esto, el antiguo astillero parecía ser una especie de santuario donde se realizaban ofrendas a los antepasados y a los fantasmas de tiempos remotos. Además, los especialistas concluían que ese mismo lugar se venía utilizando con esa finalidad desde hacía mucho tiempo, tal vez por sucesivas generaciones de habitantes del Callejón. Gudni recordaba haber jugado de pequeño en los pabellones, y aseguraba haber visto inscripciones como aquellas.
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