domingo 10 de mayo de 2009

JOSÉ BERGAMÍN, UN VIEJO VERDE

JOSÉ BERGAMÍN

Hay una frase de José Bergamín que siempre me gustó. Decía que de mayor quería ser “un viejo verde”, un anciano con ilusiones, con ganas de vivir, en constante renovación y evolución. Puesto que llegó hasta los 88 años es probable que lo lograra, aunque muchos no lo entendieran así.

“Si me hubieran hecho objeto sería objetivo” decía, “pero me hicieron sujeto”.

Poeta, dramaturgo y ensayista, trabajó para el gobierno republicano. Su primera misión fue entrevistarse con el general Franco, que le garantizó una lealtad inquebrantable. Después de la rebelión y del triunfo franquista Bergamín se exilió y vivió en diversos países de Latinoamérica, así como en el convulso París de finales de los sesenta.

Bergamín descubrió a Miguel Hernández y encargó a Pablo Picasso que pintara el Guernica. Guardó, además, el manuscrito de "Poeta en Nueva York", de Federico García Lorca, que entregaría a la imprenta en el exilio americano. Feo, desgarbado, dandy en el vestir y en las formas, rodeado de mujeres y de amigos, sufría enormemente la ausencia de su país. España le quemaba el alma.

Después de la muerte de Franco José Bergamín regresó a España definitivamente, manifestándose siempre en posiciones de crítica muy radical. Fue la única gran figura del exilio que rechazó lo que en su opinión era "la pantomima postfranquista". Los millones de personas que meses antes aclamaban a Franco en la Plaza de Oriente ahora se disfrazaban de demócratas mientras que los supuestos luchadores del franquismo, la mayoría de los cuales se habían mantenido escondidos hasta tiempos muy recientes, rendían pleitesía al rey designado por el dictador.

Bergamín fue expulsado de varios periódicos por sus artículos contra la transición. Fue especialmente crítico con la monarquía, sobre la que escribió: “mi mundo no es de este Reino”. Años después, silenciado por casi todos, murió en Hondarribia, en el País Vasco.

Ni Aznar, ni el rey Juan Carlos, ni Felipe González o Zapatero hubieran dado jamás un premio a Jose Bergamín, lo mereciera o no. Los políticos solo agasajan a los artistas dóciles, a quienes acuden a besarles la mano. Pero él, probablemente, si se lo hubieran concedido, tampoco habría acudido a recogerlo.


2 comentarios:

maría simó dijo...

me ha gustado mucho este post ^^

Ramon Guinea dijo...

Hola, María. Me encanta que pases por aquí. Un beso