VICENTE ARNÁS (Los cazadores)La fuerza se impone sobre la libertad y la razón en todas las esquinas del mundo. Si los chinos ocupan el territorio del Tibet desde hace 60 años no es porque hayan demostrado tener la verdad de su parte sino porque sus armas, misiles, tanques y aviones han probado ser más poderosos y mortíferos que la meditación, las plegarias y las pequeñas algaradas en las que se enfrentan contra ellos sus habitantes autóctonos. Lo mismo ocurre en otras partes del mundo, en Chechenia, en el Kurdistán, en el Sahara Occidental, en Palestina, y tal vez no sea muy distinto lo que sucede en Irak o en Afganistán. Estados con gran poder destructivo y con relaciones de estrecha amistad con otros que aún disponen de mayor capacidad militar oprimen a pequeños pueblos indefensos, despreciando la opinión de sus gentes.
Ante un conflicto territorial son muy pocos los países que recurren a lo que dicen defender en los periódicos y los noticiarios: la democracia o la libre expresión. Todos ellos se autodefinen como amantes de la libertad y los derechos humanos, pero anteponen a ellos la propaganda, la manipulación ideológica, las leyes injustas, los tribunales de excepción o las fuerzas de policía y por si esto no fuera suficiente recurren en último término al argumento más convincente, el que se encuentra por encima de todos: la fuerza de sus ejércitos, el poder de sus bombas.
Hay palabras que de tanto utilizarse con fines propagandísticos solo transmiten ideas vacías, prostituidas o violadas, que ya no provocan más que bostezos.
Ante un conflicto territorial son muy pocos los países que recurren a lo que dicen defender en los periódicos y los noticiarios: la democracia o la libre expresión. Todos ellos se autodefinen como amantes de la libertad y los derechos humanos, pero anteponen a ellos la propaganda, la manipulación ideológica, las leyes injustas, los tribunales de excepción o las fuerzas de policía y por si esto no fuera suficiente recurren en último término al argumento más convincente, el que se encuentra por encima de todos: la fuerza de sus ejércitos, el poder de sus bombas.
Hay palabras que de tanto utilizarse con fines propagandísticos solo transmiten ideas vacías, prostituidas o violadas, que ya no provocan más que bostezos.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada