martes, 26 de mayo de 2009

EL ENIGMÁTICO

LUCIAN FREUD (Interior in Paddington)


El Enigmático nunca está donde parece. Todos pueden ver su cuerpo casi inmóvil, sus ojos extraviados, la respiración que acompasa su pecho, pero su mente está en otro lugar muy distinto, en un país invisible o acaso en ningún sitio, en mitad de la nada.

El Enigmático parece estar cavilando a todas horas en grandes misterios, en pensamientos urgentes, en ecuaciones imposibles, en nubes de vapor, en cruces de átomos. Sin embargo, la mayor parte de las veces se ausenta de la vida para ocupar un triste espacio incoloro.

Todo está en su cabeza: las estrellas que se mueven como flechas oblicuas por el firmamento estrellado, el lento crecimiento de las camelias, la respiración de los recién nacidos, el maullido de los gatos, el estertor de un antílope atravesado por un disparo.

El Enigmático es un enigma para sí mismo. No comprende quien es, no se ve ni se escucha, no percibe sus necesidades de puro animal o ser humano y se encierra en un vacío obtuso, en un reino mineral, en una existencia de hiedra o de nube.


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