domingo, 17 de mayo de 2009

LA MUCHACHA DE LOS OJOS ANARANJADOS

SATURNO BUTTÒ (Senza titolo)


La muchacha de los ojos anaranjados era una esclava de los poderes oscuros. Caminaba por su cuarto con una vela, dormía con una anaconda, dibujaba en sus cuadernos puñales y machetes, clavaba agujas envenenadas en el cuerpo indefenso de las muñecas de su infancia perdida.

De día, después de sus clases de nigromancia, salía a pasear por el Barrio cubano, volteando los ojos al ver a algún muchacho hermoso y amargo con quien deseara dormir abrazada tras unos instantes de placer atormentado. La muchacha utilizaba la fuerza de su mente para conseguir que parase a su lado, preguntando una dirección o pidiéndole fuego, y para que, aunque él tuviera otro destino, lo dejara todo esa tarde por invitarla a un jugo de mango. Después acudían enlazados a su apartamento y hacían el amor como culebras, mientras ella clavaba las uñas en su pecho con gran fuerza, sin que él se atreviera a gritar ni a mirar los objetos que atestiguaban su culto a las sombras o la estela reptante que espiaba sus sueños.

No los hería, no los intimidaba ni utilizaba su sangre o su semen en misas negras. Eran sus dulces amantes por una sola noche, presas que caían en su red y a las que dejaba escapar, asustadas, una vez que se rompía el hechizo. Después, la muchacha de los ojos anaranjados vivía unos días satisfecha y feliz, hablando con espíritus y pronunciando conjuros, hasta que nuevamente comenzaba a añorar un amor distinto al de todos y regresaba a sus paseos inquietantes, a su búsqueda sin fin.


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