jueves, 31 de julio de 2008

PERSONAJES DE LOS SUEÑOS


Cada mañana, nada más despertarse, Sing apunta cuidadosamente lo que recuerda de sus sueños. Ha llegado a hacer un inventario detallado de todos los personajes, objetos y lugares que aparecen en ellos. Incluso ha dibujado mapas, escenas y rostros que parecen sacados de una extravagante película de ciencia-ficción.

Los personajes de los sueños viven en una realidad diferente, con sus propias leyes y costumbres, incomprensibles para nosotros. Tienen amigos y enemigos, buenos y malos que son muy distintos a los de la vida real. En sueños, el padre de Sing, por ejemplo, que siempre ha sido tranquilo y pacífico, le golpea con fuerza o le sorprende abriendo la puerta de su cuarto mientras fuma o se masturba. Lide, una compañera de trabajo con la que apenas habla, mantiene apasionadas relaciones sexuales con él en viajes a países lejanos. En otro sueño, alguien llama a su puerta y le entrega en una bandeja la cabeza cortada de un vecino del portal con el que jamás ha cruzado una palabra. En uno más un anciano vestido de blanco le regala una piedra de apariencia simple, pero con efectos maravillosos, que consigue para Sing todo aquello que le pide cuando la lleva consigo, como un genio de las mil y una noches.

Los seres que habitan en sus sueños son muchísimos más, leopardos, niños cubiertos de hojarasca, hombres y mujeres con máscaras y disfraces, manzanas que dan la inmortalidad, islas abandonadas, espadas y espejos mágicos, fuegos devastadores que queman su casa, castillos tenebrosos con puertas ocultas, vagones de tren donde se esconden fugitivos, cadáveres que flotan bajo el mar, ballenas y espíritus del viento.

“La vida se inició con un sueño, y los sueños se cumplen” leyó Sing un día en un libro sobre los indios de América del Norte. Hoy, último día del mes de julio, al salir del trabajo, Sing coge un autobús y se va a la parte de atrás, donde encuentra un sitio libre. Al principio no se da cuenta, pero a su lado está Lide, la compañera de trabajo que aparece a veces en sus sueños. Hablan de cosas intrascendentes y entre otras, de las próximas vacaciones. Sing le dice que no tiene ningún plan, pero que le hubiera gustado ir a Grecia, en especial a alguna de sus islas, a Rodas, Corfú o Santorini. Lide le dice que a ella también le haría ilusión volver a una isla griega, pues una vez estuvo en Creta y le gustó mucho. Entonces la muchacha se acerca a él, casi tocándole el rostro, y le propone: “¿y si nos vamos juntos?”.

miércoles, 30 de julio de 2008

EL CORAZÓN ROTO


Me finjo enfermo para evitar los castigos nocturnos, los paseos por el hielo, el látigo que arranca de mi piel instantes de vida, pedazos del alma.

Duermo como si no supiera ya nada, como si la oscuridad solo guardara mariposas de luz, pasos de tigre, recuerdos tristes de mi vida futura.

Abro un hueco entre los muros, escapo por las calles silenciosas, los fogonazos en el aire no son disparos que van a mi encuentro, sino pequeñas explosiones de mis pasos helados, de mi corazón que se rompe.


martes, 29 de julio de 2008

EL SULTÁN


El Sultán vive majestuosamente, como un príncipe del lejano Oriente. No ha hecho nada en la vida que justifique su existencia regalada, sus privilegios o sus ganancias desmedidas, salvo conspirar en círculos políticos, cultivar amigos de interés, promover decapitaciones y encender hogueras de sacrificio de las que siempre consigue borrar su rastro.

Sus súbditos murmuran a su espalda y parecen despreciarle, pero le sonríen y le hacen reverencias si se encuentran con él en los corredores de palacio, como si se alegraran inmensamente de verlo. Él se inclina con desdén, escruta sus gestos y deduce sus pensamientos, con la sagacidad de un ave de cetrería. Después, elabora su lista de ceses y condenas, adiestra serpientes y tarántulas o envía cartas impregnadas en veneno.

El Sultán piensa que la felicidad consiste en administrar posesiones, fincas y cuentas bancarias o en tener más derechos que nadie, aún a costa de ofender o agraviar a los otros. Come y fuma con ansia, poniendo en riesgo los límites naturales de su cuerpo. No obstante, a pesar de su peso excesivo practica con destreza el arte de la esgrima, exhibe gestos de samurai y tiene una innata habilidad con las katanas.

El sultán magnifica enfermedades y acumula pretextos. Sus días pasan sin ocuparse de nada, sin tan siquiera acudir a su despacho honorífico, pues tiene otros que, por mucho menos, le ejecutan sus funciones, mientras él contempla su pequeño reino como si fuera un mundo perfecto, donde cada uno ocupa el lugar que justamente merece.

Mientras, la diosa de la muerte, hija de un halcón, lo mira pasar cada día y aguarda paciente en su minarete el instante de descargar sobre él su vuelo cruel, su ataque definitivo.

lunes, 28 de julio de 2008

LA YIHAD DEL ALMA


De camino hacia Pakistán, Walter Songoma atravesó el desierto de Lut, al norte de Irán, en su vehículo todo-terreno. Quería dormir en un caravasar, uno de los edificios donde habían descansado durante cientos de años los viajeros que se aventuraban por estas tierras siguiendo las antiguas rutas de las caravanas. Walter se encontraba muy cerca de la frontera con Afganistán, pero había decidido evitar el paso por ese país, que estaba soportando una cruel guerra.

El caravasar era más grande de lo que esperaba. Tenía una planta cuadrada y recordaba a un fuerte situado en mitad de aquella tierra árida, con un patio interior a cielo abierto. En el pasado, con seguridad, habría albergado a muchos viajeros del desierto, junto con sus animales de carga y las mercancías que transportaban. Esta vez solo se alojaban en él una familia nómada de cuatro miembros, que disponían del mismo número de camellos, y un viajero solitario, un médico que viajaba en su vehículo hasta Khadang, un pequeño poblado cercano a la frontera. Había decidido pasar la anoche allí, al igual que Walter, más por afición a la aventura que por estricta necesidad.

Los nómadas se mostraron encantados de compartir todos sus bienes, pero no hablaban una palabra de inglés ni de francés. Después de cenar frugalmente, el médico, llamado Farid, salió con Walter a contemplar la maravillosa noche del desierto iraní. Walter se sintió transportado a un tiempo muy lejano, del que los caravasares eran uno de los pocos vestigios que aún podían encontrarse.

Hablaron largamente de los pueblos árabes, y de un modo especial de las guerras en Irak y Afganistán. Farid estaba completamente en desacuerdo con al intervención extranjera en los dos países, que asociaba únicamente con intereses económicos o estratégicos: “los gobernantes de entonces eran malos pero los de ahora no son mejores, simplemente son más dóciles y manipulables”, dijo.

“Tenemos derecho a echar a los extranjeros, si no es por las buenas, por las malas, por medio de la Yihad”, prosiguió Farid. “Pero la yihad causa muchas víctimas inocentes y entonces se convierte en injusta. Además, yihad no solo significa guerra, sino muchas otras cosas. La yihad más importante es la yihad interior, el esfuerzo constante, la introspección, la conquista de uno mismo. Esa es la gran yihad de la que habla el libro sagrado, la yihad del alma, que es algo aún pendiente para la mayor parte de los musulmanes y del resto de los habitantes del mundo”.

Hablando, llegó la madrugada. Pudieron ver que a lo lejos se levantaba una pequeña tormenta. Cansados, se fueron a dormir, el uno al lado del otro, mientras la arena revoloteaba, delicadamente, en el aire caliente.

domingo, 27 de julio de 2008

POEMA ENCONTRADO EN LA GUARIDA DE UN JAGUAR


El teléfono concierta un punto de encuentro. Se citan en un huerto de papayas, y allí se abrazan por fin, para huir sin rumbo, perdidos por la selva.

Les sobresaltan los pasos de los indios fugados, el rugido del jaguar, el siseo de los pájaros y las serpientes, las hojas que vibran, el caer del rocío sobre las orquídeas.

No han comido nada en muchos días. Él tiene los ojos hundidos y se tambalea sobre sus pies hinchados por la mordedura del viento.

Cuando por fin llegan al mar, los espera una mujer de color de ceniza, que los acoge en su cabaña de palmas y sopla en sus oídos palabras que son un consuelo para su corazón herido, para su cuerpo enfermo.

sábado, 26 de julio de 2008

EL PASEO NOCTURNO


Caminan bajo la lluvia nocturna para escapar del sueño que los persigue. Miran a las muchachas que vuelven de sus citas de amor, a los soldados que patrullan en coches blindados, a los enmascarados que esconden pistolas bajo la ropa, acechan a los suicidas que practican pantomimas de sangre.

Se mueven como si fueran tigres o sacerdotes de una religión ya olvidada, visitan las casas incendiadas, los muros destruidos por las bombas. Descubren gatos, palomas, venados, zorros que escarban entre las ruinas oscuras, buscando comida.

En las plazas desiertas encuentran los cuerpos de los caídos en el ataque, cubiertos por banderas rojas. Los miran temblando, como dos niños invisibles que desafían, con sus cuerpos empapados, a la vida y la muerte.

viernes, 25 de julio de 2008

MALUSA

Malusa se cree muy hermosa, y como ella lo cree, muchos lo creen a su vez. Tiene un cargo directivo de importancia, y eso hace que su supuesta belleza se acreciente ante los ojos pusilánimes. Pero adentro de sí misma, en el ser profundo de la niña que fue, en el mismo lugar donde crecen las células del pus y se originan las metaplasias, donde el miocardio revolotea como un muchacho azorado ante una cita imprevista, sabe que es sosa y vulgar y también fea, y solo desea que nadie descubra su indignidad oculta.

Malusa fue gorda un día, y aún lo es, aunque todos simulan verla elegante y esbelta. Ella también aparenta creerlo. Sin embargo, obliga a apagar la luz a todos sus amantes cuando llega la hora de desnudarse y evita mirarse al espejo en ángulos contradictorios.

Todos la invitan y la adulan. Todos cuentan con ella para sus cafés, sus complots y sus fiestas, pero solo acude, por pura ideología, a aquellas que organizan sus afines de grado, expertos simuladores en tapar impudicias. Así consigue olvidar, casi del todo, quien es ella de verdad, esa niña dulce y temerosa que vive angustiada en su interior, en un lugar que casi nunca visita.

jueves, 24 de julio de 2008

MI HERMANO SHAG


Shag y yo comemos maíz, dulces de cactus y albaricoques maduros. Luego salimos al balcón y hablamos en lenguaje de signos con nuestros amigos, que viven en los suburbios, a todos lados, en pequeñas casas destartaladas.

Shag duerme con los ojos abiertos. Para no despertarle, hablo en susurros con los fantasmas que vivieron aquí antes que yo y mi hermano. Ellos me contestan en completo silencio y ríen como pececillos asustados.

De mis ojos no sale ninguna luz, mi corazón se ha vuelto cada vez más sombrío. Me abrazo a un viejo abrigo que fue de mi padre, y la tristeza desaparece, como si nunca hubiera estado allí o como si se hubiera ido para siempre.


miércoles, 23 de julio de 2008

LOS KIYERS


Desnudos, armados hasta los dientes, los kiyers te acechan sin descanso. Esperan una orden que solo tú puedes dictar. Su frágil mecanismo se activará en cualquier momento, pues el tiempo transcurre con premura.

No permitas que arraiguen en ti sus pensamientos fugaces, el trastorno cruel que los domina. No renuncies ni a un instante de vida, no des a tu asesino la orden que aguarda y obediente, ejecuta. No consientas que la lenta destrucción de tus células sea el inicio de una senda irreversible.

Rechaza los pensamientos oscuros. Vivir es tu única tarea. Llegará tal vez, mucho después, el instante de visitar los agujeros negros, de avanzar hacia el fondo de la tierra, hacia la luz del último tiempo.

martes, 22 de julio de 2008

UN MAESTRO DEL SILENCIO


Le llamaron Lucifer sin tiempo de haber sabido si sería un niño bueno o malo. Tal vez lloró demasiado en el momento de su nacimiento o mordió la mano de la comadrona con su boca sin dientes o puede que hiciera sus necesidades encima de alguna tía lejana que acudió a visitarlo.

Fue un niño sin historia. No asaltó huertos de fruta ni anduvo en aventuras prohibidas. Tampoco maldijo a sus padres ni atemorizó a sus hermanas. Tanto es así que ni él sabe con certeza si tuvo niñez o se convirtió ya de pronto en adulto.

De todos creía que eran mucho mejores que él mismo, así que trató de contentarlos a todos y escuchar qué decían. Así, de observar y de oír pasó a tener grandes conocimientos sobre el ir y venir de las cosas y a ver la vida más como es que como parece. Sin casi darse cuenta se convirtió en un maestro del silencio.

Se casó con una muchacha muy hermosa que no deseaba grandes casas o automóviles sino alguien que la quisiera y que estuviera a su lado en los momentos turbios. Después asistió al nacimiento de sus niños como quien descubre un milagro. No habló durante días, pero su mujer le sintió dentro de sí a cada momento. Sus sentidos estaban concentrados en no perder un instante de esa vida diminuta que parecía encerrar el secreto del universo.

Hoy Lucifer es mayor, casi viejo. Sin querer, se ha dado cuenta de que puede adivinar el espíritu oculto de la gente. No analiza nada, no interpreta nada. Simplemente mira y se queda en silencio. Transcurridos unos pocos segundos casi todos empiezan a hablar, como si estuvieran aguardando el instante de abrir un sendero a sus sentimientos. Él los observa y escucha, sin hacer ningún juicio. A veces les toma la mano o se apoya en el hombro de quien se encuentra a su lado, y ellos le dicen todo lo que él ya creía saber.

Lucifer ama, sufre y observa, esa es su única vida. Besa a su mujer, juega con sus niños y contempla la vida que transcurre sin pausa desde que empezaron los tiempos. Sabe que no es más que ninguno, que es, al igual que todos, solo una brizna de hierba, una chispa que prende la tierra, una tenue ráfaga de viento.

lunes, 21 de julio de 2008

SAWA


Sawa tiene una mirada enigmática. Su risa zigzaguea entre la nieve y las estrellas, sus dedos lanzan destellos de bruma, sus labios de mujer oscura contienen espirales de sueño, reflejos de luna.

Conoce todos los senderos de la montaña, come nueces que quiebra entre sus dedos, sale a pasear por el bosque en mitad de la noche, cuando se revelan todos los misterios.

Sawa tiene ojos transparentes, quebradizos como brotes de bambú. Sus aristas desnudas abren en par mi cuerpo, como una hoja de espada.

domingo, 20 de julio de 2008

EL MONZÓN


Avanzamos bajo las nubes, entre los campos de arroz, observados por rebaños de cabras y vacas negras. De las pequeñas casas de barro que flanquean las pagodas salen bocanadas de humo.

Caminamos descalzos sobre las flores amarillas, escuchando los gritos de los niños. En la puerta de la casa de té, sentado como un centinela, un anciano nos mira fijamente, mientras la lluvia arrecia.

viernes, 18 de julio de 2008

EL CAFÉ DE LOS SAIDIS


Aquella tarde, después de visitar las pirámides y la esfinge, nos duchamos y cambiamos de ropa y decidimos coger un taxi para ir a Han el Halili, el mercado principal de El Cairo.

El taxista, de nombre Tamer, nos recomendó un restaurante de comida tradicional para la cena y nos propuso que después fuéramos con él hasta un lugar auténticamente egipcio, el Café de los Saidis, donde podríamos ver el conocido baile sin estar rodeados de turistas. Según nos dijo en muy buen inglés, aquel era un sitio donde solo iban los egipcios y algunos árabes llegados de países cercanos, como Kuwait o Arabia Saudí, en viaje de negocios.

Tamer era grueso y alegre. Vestía pantalones vaqueros de gran circunferencia y hablaba sin parar. Era cristiano, y no parecía tener simpatía a sus compatriotas de otras religiones. Él mismo, por sus rasgos, no parecía egipcio.

Después de cenar fuimos al lugar convenido con Tamer. Llegamos al Café de los Saidis a las diez de la noche. Era un local amplio y algo sucio, con una tarima grande para los bailarines. El café estaba lleno de gente. Muchos de ellos vestían chilabas u otras ropas árabes y los narguiles pasaban de mesa en mesa, donde los grupos los compartían alegremente. También se veían algunas mujeres aisladas, protegidas en los grupos.

Los únicos turistas extranjeros que había en el café, además de nosotros mismos, eran tres mejicanos, altos y rubios, con los que empezamos a hablar. Tenían alrededor de veinticinco años y estaban haciendo un viaje de fin de estudios que les llevaría, después de El Cairo, a Madrid, París, Berlín y Moscú. Nos sentamos a su mesa, pensando que, evidentemente, no pertenecían a las clases desfavorecidas de su país.

Poco después anunciaron la salida de los saidis. Bailaban una danza originaria del sur de Egipto cuyas raíces se perdían en tiempos muy antiguos. Los bailarines, todos hombres, llevaban largos palos con los que hacían giros y ejercicios, que recordaban movimientos de artes marciales o acrobáticas. Era un baile lleno de energía y vitalidad. Los acompañaban unos músicos que tocaban una especie de violines, un extraño cuerno y varios instrumentos de percusión.

A continuación salió un grupo de mujeres que practicaban un baile similar, aunque más delicado y gracioso. Llevaban un pañuelo amarrado a la cintura y un velo en el cabello, aunque cubrían pudorosamente su vientre.

Los jeques allí presentes, vestidos completamente de blanco, aplaudían con pasión a las bailarinas y las miraban con un deseo indisimulado. Nosotros aplaudíamos también, aunque a nuestros ojos eran gruesas y poco atractivas.

A las dos de la madrugada, Tamer nos llevó al hotel. A medida que nos acercábamos a él, las pirámides majestuosas, moradas de los poderosos faraones, parecían decirnos que todo nuestro mundo moderno, ostentoso y engreído, no significa nada, y que desaparecerá para convertirse en arena.

jueves, 17 de julio de 2008

LUGARES PROHIBIDOS PARA MUCHACHAS


El 15 de septiembre de 2005, aniversario del nacimiento de Marco Polo, Walter Songoma, un joven de origen africano, inició un viaje en todo-terreno alrededor del mundo. Decidió partir desde Venecia, como el viajero medieval, con la intención de seguir su misma ruta, pero su carácter anárquico le impulsó a desviarse con frecuencia del camino marcado.

Walter relata, en su largo viaje, sus experiencias en muchos lugares por los que también pasó el célebre mercader veneciano, pero cita también otros muchos pueblos o ciudades de los que nada se sabe, que no aparecen en ningún mapa y sobre cuya existencia real existen dudas fundadas.

Los estudiosos del viaje de Songoma, tratando de demostrar la inverosimilitud de sus datos, hacen notar su afición a todo tipo de bebidas alcohólicas y a algunas drogas peligrosas, a las que sin duda pudo recurrir durante el viaje, dado que tanto unas como otras se encuentran con facilidad en la mayor parte de los lugares del planeta.

Así, Songoma asegura haber llegado a una ciudad situada en las orillas del mar Caspio, conocida como Esma, que está gobernada mayoritariamente por mujeres, y donde los hombres desempeñan un papel de meros acompañantes, bufones o comparsas.

Un consejo de mujeres está al frente del gobierno municipal. Solo un hombre ejerce tareas de funcionario, encargándose de la gestión de la cultura y las áreas de recreo. Dado que los esmaítas apenas leen y no tienen cines o teatros, una de sus escasas actividades es organizar funciones de danzas regionales, que, por una antiquísima ley, solo practican los hombres.

Las mujeres escogen marido en el transcurso de estas danzas. En ellas, los hombres exhiben sus encantos y demuestran sus cualidades y atributos. Es habitual que se maquillen y se adornen con ropas de vivos colores para atraer a las muchachas, vitales y decididas, que observan con atención sus movimientos.

Son mujeres la directora del único banco, de la cárcel municipal, de la cofradía de pescadores, de la hacienda pública, de la policía y del tribunal de justicia. La pena de muerte está abolida, pero abundan las severas condenas, de prisión o castigos corporales, por vagancia y por participar en altercados y peleas.

La leyes reservan otras actividades, además de la danza y el baile, a los hombres y las prohíben a las mujeres. Además existen lugares vetados a las muchachas. No son, como cabría esperar, las tabernas, las discotecas o los lugares de diversión, sino las sastrerías y tiendas de moda, los talleres de cómicos, los mataderos, las guarderías, los hospitales, los cementerios o las sendas que recorren la orilla del mar.

Los fogones son, así mismo, lugares reservados a los hombres, al igual que los mercados. Allí se reúnen a media mañana, para charlar de las novedades mientras hacen la compra. Sus temas favoritos son el tiempo, las historias divertidas, la filosofía profunda, los niños y las vicisitudes políticas. Los hombres pasean al borde del mar, charlando y pensando, ideando frases graciosas o números cómicos. Se diría que sus tareas fundamentales son reflexionar sobre el mundo y entretener o hacer reír a las mujeres que rigen los destinos de la ciudad.

Los esmaítas están considerados grandes amantes, apreciados filósofos y excelentes narradores de historias. Son hombres los que cuentan animadas anécdotas en las tabernas o delante del fuego de las casas. En ellas, entre otras, se habla del inicio de los tiempos, cuando la diosas del panteón de Esma, todas mujeres, crearon a la primera de ellas a su imagen y semejanza y de uno de sus glúteos extrajeron al hombre para ser la fuente de su placer, su distracción, su apoyo y su complemento.

miércoles, 16 de julio de 2008

OBATALÁ


Nada más llegar a Santiago de Cuba, después de 600 kilómetros de viaje en coche desde Trinidad, nos dirigimos al club de ajedrez local, situado en la plaza central, y buscamos allí a Máximo, para el cual llevábamos el regalo de unos amigos que lo habían conocido varios años atrás.

Máximo era un hombre pequeño, de piel negra y unos sesenta años de edad, que decía que en aquel mismo club había jugado al ajedrez con Capablanca. Vestía zapatos, pantalones, camisa y gorra de color blanco, lo cual, según supimos después, indicaba que era santero o que estaba en camino de serlo.

Máximo nos paseó por Santiago de día y de noche. Nos llevó a bares desconocidos y a paladares ilegales. En uno de ellos, la camarera que nos atendió, de origen francés, era especialmente guapa. Al darse cuenta de que la miraba, Máximo se dirigió a mi y me dijo: “¿Te gusta, eh? A ver si puedo hacer algo”.

A la noche fuimos al Café de la Trova. Allí, un lugar para turistas, aparecieron de repente dos mulatas jovencitas, amigas de Máximo, que se pusieron a charlar con nosotros. Noté que una de ellas, la más gruesa, me miraba fijamente durante un buen rato. De repente, con voz rotunda, dijo: “Hay alguien que te quiere hacer daño, tienes que cambiar de trabajo”. Después aseguró que iba a enamorarme de una cubana y que estaba protegido por Obatalá, un dios de la santería, al que debía tener siempre a mi lado.

Obatalá, por lo que pude leer más tarde, es el mayor de los Orishas, apreciado por todos los demás. Es dueño de todo lo que tiene color blanco, de la cabeza, de los pensamientos y de los sueños. A Obatalá le gustan la paz y la armonía y es la única de estas divinidades o espíritus que tiene una parte masculina y otra femenina.

Las chicas bailaban sensualmente y después se sentaban a beber cerveza y se reían, discutiendo entre ellas sobre los dioses de la santería y sus ceremonias. La que para mi gusto era la más guapa me dijo que si no me gustaba y que podíamos ir juntos a algún lado. Todavía no demasiado borrachos, mi amigo y yo nos escabullimos como pudimos y volvimos solos, de madrugada, al hotel.

Antes de quedarme dormido no pensé en la chica del paladar ni en la mulata aficionada a la santería, sino en Obatalá, mi dios protector, creador de la tierra y rey del mundo.

martes, 15 de julio de 2008

DORMIR CON EL NÁUFRAGO

La noche anterior, su hija de cuatro años, Shahara, le había dicho algo que le hizo reír un buen rato: “Esta noche me toca a mi dormir con el náufrago, y mañana a ti”.

El náufrago era un pequeño muñeco de plástico, más grande que su mano, vestido como un expedicionario y salido de un juego de barcos antiguos.

Se había olvidado por completo de la frase cuando a media tarde, a punto de salir del trabajo recibió una llamada de su hermana: “Aita está en el hospital. Tiene neumonía”.

No había visto a su padre desde hacía seis meses. Ahora le cuidaba una chica de origen rumano, que pasaba en su casa día y noche, y el se había ido desentendiendo poco a poco de ir a visitarle.

Fue al hospital en cuanto pudo y allí le encontró, postrado en la cama, consciente pero febril y apagado. Lo vio algo peor de lo que esperaba, y decidió quedarse con él esa noche.

Desde la muerte de su mujer, dos años antes, su padre había sido un náufrago, alguien completamente desorientado en la vida, que se mantenía vivo por pura inercia. Había perdido todo su mundo y estaba en un medio extraño, sin saber a qué aferrarse para sobrevivir.

Desde el hospital, ya de noche, llamó a casa. Shahara le dijo: “Pero, aita, tienes que venir, te toca dormir con el náufrago”. Él musitó una excusa y se despidió cariñosamente de la niña. Después entró de nuevo en el cuarto y se sentó en el sillón del acompañante. Su padre ya dormía.

lunes, 14 de julio de 2008

RADIO BIAFRA


Radio Biafra emite desde un pequeño apartamento situado en Lichtenberg, un barrio de Berlín Este, el antiguo sector comunista de la ciudad. La emisora, en sus inicios, tenía una clara intención política, pretendiendo reivindicar la memoria de un pueblo aplastado, Biafra, el país del medio sol amarillo.

Con el paso del tiempo, sin embargo, esa reivindicación fue decayendo y la emisora pasó a defender, sin hacer distinciones, el pasado del conjunto de los pueblos negros, el orgullo de haber nacido en África.

“Todos somos emigrantes africanos”, dice el locutor de la emisora. “Todos somos hermanos africanos. La vida nació en África. Todos salimos de África para ir a ocupar el resto del mundo. Todos procedemos de África, los rubios austriacos, alemanes y escandinavos proceden de África. Los hindúes, los norteamericanos, los colombianos, los argentinos, los asiáticos y hasta los lejanos habitantes de Australia. La única diferencia es que unos partieron antes, hace miles de años, y otros hace solo unos días o unos meses”.

Radio Biafra emite durante cuatro horas al día, de seis a diez de la noche. Únicamente dispone de un técnico y dos locutores, que se van turnando ante el micrófono. De tiempo en tiempo uno de ellos se pone enfermo, tienen que cuidar a sus niños o surge cualquier otro hecho imprevisto y se ven obligados a interrumpir la emisiones, a veces durante varios días.

Nadie parece notarlo en exceso. Hay miles de emisoras y canales de televisión y su audiencia es muy pequeña. En verano desciende aún más, cuando muchos alemanes van a tostarse al sol español, italiano, griego o croata. ¿Será que añoran la piel bronceada de sus antepasados, que recorrían, semidesnudos, las sabanas, los caminos y las selvas de África?.

domingo, 13 de julio de 2008

LOS TIVS


Los Tivs viven entre nosotros, pero muy pocos son capaces de reconocerlos. Hay quien dice que son invisibles, pero una mayoría de expertos asegura que si no se los percibe es, dejando a un lado su pequeña estatura y su extrema delgadez, porque nadie se fija en ellos, debido al autismo o la miopía que son consecuencia de nuestra vida desordenada y febril. Los niños y los viejos, generalmente, los ven con mayor facilidad. Por el contrario, tienden a ser transparentes para las clases acomodadas. Los ancianos los temen o los miran con recelo, a pesar de que un Tiv sería incapaz de hacerles el menor daño.

Los miembros de esta raza, ya sean hombres o mujeres, son, a pesar de su pequeña estatura, realmente hermosos, de rasgos casi perfectos. Por desgracia, no viven más allá de quince o veinte años, por lo que intentan apurar al máximo cada día de su existencia. Tampoco pierden un solo momento en meditar asunto alguno ni practican la introversión o la flagelación mental. Hacen caso, llanamente, a su corazón, y rara vez se equivocan.

Los Tivs visten de forma innovadora, colorista y personal. Serían una extraordinaria fuente de inspiración para diseñadores de moda sin ideas, pues son realmente originales. Siempre tienen la misma apariencia física, pues maduran muy rápido y nunca envejecen.

Se dice que el pueblo Tiv proviene de un lejano valle de Buthan, completamente aislado del resto del mundo. Lo cierto es que sus rasgos pueden parecer asiáticos, aunque no practican el budismo. Sin embargo, podría decirse de ellos que son, a su modo, religiosos o espirituales. En todo caso, la suya es una religión sin iglesias, sacerdotes, mandamientos, dogmas ni rezos.

Hay comunidades Tivs en los cinco continentes. Las poblaciones más grandes de que existe constancia son las de Melbourne, Toronto, Pittsburgh, Bombay, Ankara, Nápoles, Atenas y Nairobi. Aún así, en Atenas, donde residen en mayor número, no sobrepasan los cien individuos.

Una muchacha o un muchacho Tiv es el mejor amigo que uno puede encontrar. Son leales como cachorros, aunque menosprecian el sexo. De hecho sigue siendo un misterio el mecanismo de su procreación.

Raras veces invitan a sus amigos a comidas o a cenas. Si lo hacen, este es el mayor reconocimiento de amistad o de cariño que pueden otorgar a alguien, una prueba de amistad indeleble y duradera.

Los Tivs se hacen querer por todos los que los conocen. Puesto que no persiguen el poder, el sexo o el dinero, nadie les considera oponentes de cuidado para sus planes. Cuando mueren, sus amigos lloran sinceramente su ausencia. Ellos, sin embargo, apenas dan importancia a ese tránsito. Creen que después se convierten en flores de diversas formas y colores y se apenan, por ello, cuando ven ramilletes cortados o terrazas con plantas mustias o secas.

Su muerte jamás es grosera o violenta. Simplemente, en mitad de cualquier actividad diaria, se adormecen y quedan en silencio, detenidos en aquello que estuvieran haciendo, como si hubieran comenzado un periodo de letargo o fueran aparatos que se hubieran desconectado.

Tal vez la vida de los Tivs continúe en los parques y balcones de las ciudades donde vivieron o acaso lo haga en algún lugar muy distinto. Yo, que nunca he conseguido verlos, sin embargo, cuido con mimo de mi pequeño jardín y hablo en voz muy baja a las flores, como si fueran bebés dormidos.

sábado, 12 de julio de 2008

GLOBALIZACIÓN


Escucho decir a un alto cargo del Partido Socialista que en un mundo globalizado no tiene sentido hablar de hechos diferenciales, como el vasco, gallego o catalán. Resulta curioso que diga esto cuando en los dos últimos días 36 inmigrantes, muchos de ellos niños de corta edad, han muerto tratando de atravesar el estrecho y llegar a las costas españolas. ¿Es que preferían venir en patera que en el ferry de línea, mucho más barato y seguro?. ¿O es que el gobierno español se plantea suprimir, en breve plazo, sus propias fronteras?

viernes, 11 de julio de 2008

MEYERHOLD


El 15 de julio de 1939, Zinaida Raij, esposa de Vsiévolod Meyerhold, apareció degollada en su domicilio. Le habían asestado diecisiete cuchilladas. El famoso director teatral, a pesar de ser una destacada figura cultural del régimen comunista, había caído en desgracia, ya que una obra suya había disgustado a Stalin. Meyerhold, aún una referencia para muchos actores y directores teatrales de nuestro tiempo, envió una carta al fiscal de la Unión Soviética, denunciando las terribles presiones de las que estaba siendo objeto para conseguir que se retractase de sus ideas. Lo detuvieron al cabo de unos días. El 1 de febrero de 1940, después de meses de prisión y tortura, un tribunal militar le condenó a a la pena capital y fue fusilado, a los sesenta y cinco años de edad. Su muerte fue silenciada y se prohibió mencionar su nombre en todas las publicaciones rusas hasta 1955, año de su rehabilitación por el régimen.

miércoles, 9 de julio de 2008

LOS VIEJOS GENIOS


Se ha hecho de noche. Es en este momento cuando los viejos genios vascos vuelven a la vida. Maide, Ieltxu y Gaueko van tomando posiciones para jugar sus antiguas cartas, su influencia sutil en nosotros.

Yo no creo en ellos, no debo pensar que existen, pero aún así los percibo a mi lado. Enciendo todas las luces, tengo a mano un cuchillo, pienso en conjuros, voy cerrando las tijeras abiertas, recojo las ropas que dejé por la mañana sobre las camas, en completo desorden. A veces, cuando suena el teléfono, no lo cojo. Son ellos. Ya no dominan el mundo, como antaño, pero conservan aún un pequeño espacio de poder dentro de mi pecho, en los latidos de las arterias de mi cuello, en mis anhelos rotos, en mis sueños abiertos en par.

martes, 8 de julio de 2008

EL OCTANDRO


Después de varios años de búsqueda, Mahin, un joven comerciante de Basora, encontró, en la tienda de un anticuario de su ciudad, el octandro, una diminuta caja mágica de ocho espículas y desvaídos dibujos, fuente inagotable de energía que resolvía todos los males y preservaba de la enfermedad y la muerte.

Pudo probar su utilidad con su padre, gravemente enfermo, que curó en pocas horas de forma milagrosa. Poco después, sin dar explicaciones a nadie, Mahin decidió abandonar su casa, donde había vivido hasta entonces. Su padre, que había sido un enfermo dulce, agradecido y cariñoso, una vez recuperado se había vuelto despótico y desconsiderado, como lo recordaba siempre desde niño. Mahin no le deseaba ningún mal, pero tampoco quería echar su vida a perder. Un día cogió las pocas cosas que necesitaba y se dirigió a Damasco.

Allí encontró toda la felicidad que buscaba. Abrió un pequeño negocio y se casó con Sheeva, una bella muchacha iraní. Tuvo tres hijos con ella, hermosos, inteligentes y amables, a la vez que expansivos y alegres, ya fuera o no gracias al poder del octandro.

La caja maravillosa ocupaba un lugar principal sobre un mueble del salón, la estancia principal de la casa, irradiando prosperidad a todos sus miembros. Un buen día, sin embargo, el octandro desapareció. Mahin, a pesar del inmenso valor que para él poseía, nunca hubiera imaginado que alguien pudiera robarla.

Desde entonces nada fue bien. Estalló la guerra en su país, Irak, y Mahin, preocupado por su padre, volvió a Basora, dejando en Damasco a su familia.

Durante dos años permaneció en un país en guerra, sin apenas contacto con sus hijos y su esposa. Salir del país era peligroso y su padre había vuelto a enfermar de gravedad, por lo que no quería dejarle solo. Los alimentos y medicinas escaseaban y Mahin recordaba cada día el octandro perdido, que hubiese devuelto a su padre la salud perdida y les hubiera procurado todo lo necesario.

Cuando al fin el padre murió, decidió volver a Damasco. Pasó innumerables penalidades para atravesar el país, controlado por patrullas extranjeras y por las milicias y facciones islámicas. Su mujer y sus hijos eran una preocupación constante. Pensaba que sin la protección del octandro estarían pasando terribles penurias.

Cuando al fin llegó a Damasco, sin embargo, encontró a su esposa y a sus hijos sanos y felices por volver a verlo. El negocio había prosperado gracias a Sheeva. Viendo que la felicidad volvía a su vida, pensó que no hay un objeto que la pueda atraer con más fuerza que el cariño y la confianza en sí mismo y la cercanía de los seres que queremos.

Desde entonces, se observa cada día en todos los demás y se recoge de noche, en la terraza de su casa, para encontrarse en las estrellas silenciosas. Mahin agradece al firmamento todo lo bueno que hay en su vida. Antes de irse a dormir habla en voz baja con su padre, al que recuerda con inmenso cariño y le pide ayuda para ser feliz. Al día siguiente, como por encanto, todo sucede a la perfección, como si una energía secreta guiara al mundo.

lunes, 7 de julio de 2008

EL ROCK ES UN JUGUETE INOFENSIVO


El arte ha sido siempre, a lo largo de la historia, subversivo y transformador. El cine, la literatura, la música que permanecen son aquellos que en cierto modo, buscan la verdad en algo que está más allá de sí mismos, aunque se oculte tras una ficción. El simbolismo, el impresionismo, el surrealismo o el cubismo rompieron esquemas, haciendo avanzar al mundo. Al hablar de subversión no me refiero a la subversión política sino a la subversión de la vida, a la superación de los estrechos límites de la cotidianeidad.

Algo similar ha sucedido con la música. El rock and roll fue en sus inicios un auténtico escándalo. Asociado al hippismo y a las ideas alternativas, se transformó en un peligro para el sistema. Antes surgieron el blues o el jazz y más tarde el punk, el reggae, el rap y muchos otros movimientos cuya pista he perdido o no he encontrado nunca. Todos, de un modo u otro, buscaban esa pequeña o gran subversión de la vida cotidiana, alegre y vital en unos casos, feroz e incluso violenta en otros.

Ayer acudí al Bilbao Live Festival. Muchos de los grupos que actuaban allí tienen un pasado espléndido, asociado al inconformismo y la originalidad y un presente de mansos corderos con ingresos desmesurados. Entre ellos estaban The Police, Tequila, ZZ Top, Madness, The Blues Brothers. En Riders On The Storm, por ejemplo, siguen tocando dos antiguos miembros de los Doors. Pero la antigua energía iconoclasta del grupo ha desaparecido casi por completo. Hoy no son sino un espectáculo amable para nostálgicos. Ya no tratan de romper los límites, de encender fuegos, de atravesar hacia ningún otro lado, de cruzar puertas o de explorar el final que intuía Jim Morrison. Creo que todo eso está casi acabado en el arte, la música y la literatura de hoy en día, salvo algunas excepciones. Todo parece ser pose, imagen, puro merchandising, un ramillete de ideas domesticadas para inconformistas reciclados. Yo soy, sin duda, uno de ellos.

¿Es que el mundo es perfecto y no necesita subversión?. No lo creo, no pienso que vivamos, ni mucho menos, en el mejor de los mundos posibles.

No obstante, sigue habiendo libros, películas, canciones o poemas con los que uno siente haber encontrado algo que estaba buscando, algo difícil de explicar pero que es muy valioso, cree haber obtenido de ellos una brizna de energía que transforma aunque sea tan solo una minúscula parte de su ser. No se trata de ponerse a arrojar cócteles molotov o de romper guitarras eléctricas, sino de atravesar alguna de esas innumerables puertas que aún siguen cerradas. A mí, personalmente, esos son el arte, la música y la literatura que me gustan.

¿O tal vez es todo mucho más sencillo, y el arte deba ser algo que nos permita un momento de intensa emoción, de amistad, de risa o de felicidad?. Esta función, posiblemente, sí la cumple el rock hoy en día. Disfrutar de una tarde alegre en compañía de nuestros compañeros de viaje en esta ciudad, en este país, en este planeta, hacernos bailar y reír, porqué ¿hay algo más subversivo que vivir intensamente cada instante que pasa?.

domingo, 6 de julio de 2008

LA AVENIDA DEL VOLCÁN


Kibray vive en la Avenida del Volcán. Hace menos de un año que llegó hasta allí, por pura casualidad, pero ama ese lugar como si hubiera pertenecido a él toda su vida.

Cada día en la Avenida es una aventura extraordinaria. Las relaciones fluyen entre sus habitantes con una facilidad asombrosa. Llamadas telefónicas, visitas inesperadas, nuevas amistades, miradas, sonrisas, pasiones que sorprenden a quien apenas está de visita o no conoce el lugar.

El volcán es el centro del barrio. Su figura es omnipresente, pues se ve desde cada rincón de la calle. Se diría que es él quien otorga su carácter arrebatado y vivaz a los habitantes de la Avenida. El volcán se encuentra en erupción una buena parte del año. De día solo se observan estiradas columnas de humo, pero de noche, las lenguas de fuego recorren su suave contorno como largas líneas de sangre.

Los vecinos se reúnen cada noche ante él, sentados en sillas que recogen de las habitaciones o acostados sobre el suelo. Nadie se queda en las casas mirando la televisión. Todos acuden a contemplar el volcán, y se quedan allí, ensimismados, realizando comentarios fugaces, escuchando sus pequeñas explosiones y observando la lava que desciende lentamente, iluminando la noche negra y ardiente.

El volcán siempre ha respetado la vida de la Avenida. Sus archivos históricos no recogen ninguna evidencia de evacuaciones apresuradas o de percances provocados por emisiones mortíferas o piedras ígneas. Sin embargo, sí se cuentan historias de montañeros que perecieron por inhalar sus gases o ser atrapados por regueros de lava cuando pretendían alcanzar su cima.

Kibray venera la montaña, pero no pretende ascenderla, dominarla. Le basta con poder verla cada día, en momentos insospechados, cuando trabaja en su computador, cuando acude al mercado, cuando charla animadamente con sus vecinos a la puerta de casa, cuando envía mensajes electrónicos a familiares lejanos o besa apasionadamente a la muchacha que ama, ardiente e impetuosa, hermosa y libre, hija de la avenida y del volcán.

sábado, 5 de julio de 2008

DANTE


Su madre tuvo un embarazo tormentoso. Por eso, tal vez, llamó a su único hijo Dante, como el escritor que describió el infierno.

Pesó poco más de un kilo al nacer. Según los libros de aquel tiempo, debería haber muerto, pero tras varias semanas en una incubadora, rodeado de cables, creció normal, si bien con unas ciertas rarezas o excentricidades que no creemos que se puedan achacar a su limitado período de estancia uterina o a su desarrollo neuronal.

Su madre y sus cuatro hermanas le demostraron, indistintamente y de un modo alternativo, amor y odio, en cantidades similares. Intentaron modelar su futuro de acuerdo a sus intereses y de allí salió un muchacho inseguro y extraño, que amaba y temía a las mujeres, a las que buscaba con frecuencia y que, sin embargo, mantenía siempre a distancia.

Dante nunca se casó, pero tuvo un hijo. Lo peor es que nunca lo supo, sobre todo por que le hubiera emocionado vivamente la noticia. La madre fue una amante ocasional que lo olvidó sin ningún problema. Tuvo varias parejas más, pero escapó de todas en cuanto el cerco se estrechaba o surgían los reproches o la dominación encubierta.

Sabemos que no murió en Vitoria, su ciudad de nacimiento, sino en el pequeño pueblo de Manzanillo, en la lejana Costa Rica, ahogado en el mar Caribe, por un mareo inoportuno cuando buceaba a pulmón libre. Tenía 32 años. Allí descansa, junto al mar, ya que quienes se repartieron su modesta fortuna no quisieron pagar por repatriarlo, pero acaso salió ganando, al fin y al cabo, con el cambio.

No podemos saber si, después de morir, Dante pudo ver los círculos de fuego del infierno, ni si sufrió las atroces torturas que padecen aquellos que inopinadamente lo visitan. Pero ya que fue más bien dulce y cariñoso, podemos esperar que ocupe un lugar superior en el escalafón del más allá. Aunque es probable que al menos una parte de él se encuentre en ese lugar, desconocido y misterioso, de donde todos, buenos y malos, venimos y a donde todos, tarde o temprano, volvemos.

viernes, 4 de julio de 2008

DARDOS ENVENENADOS

Escucha en silencio los cantos sagrados mientras su mujer le frota el cuerpo con barro y sangre menstrual.

Antes de partir a su extraño viaje come alacranes, cerebro de cordero, corazón de búho, bebe veneno de mamba.

Un sacerdote le azota con golpes de látigo para que pueda atravesar sin dolor las puertas que conducen al más allá, el mayor misterio. Lleva en el puño cerrado semillas de cardo para regresar, cuando vuelva en sí, a su familia, a su tribu.

Quema su penacho de plumas, con los ojos cerrados siente la punzada del miedo como un dardo envenenado que le lleva al lugar sin retorno, al reino de la muerte.

miércoles, 2 de julio de 2008

CUENTO PARA ADORMECER A UN NIÑO

El azar lo llevaba cada tarde hasta el puerto. Allí abandonaba su ropa entre las barcas. Vestido con su traje de baño, se zambullía en el agua y buceaba perezosamente intentando rescatar los sueños perdidos en su infancia.

Después se secaba al sol sobre las piedras del muelle y salía a pasear, observando los ojos de buey de los barcos, iluminados por luces mortecinas.

En la puerta de las tabernas se juntaba con mujeres de voz ronca y con viejos amigos, hasta que, con las primeras lluvias de la noche, como cada jornada, volvía a su trabajo en el Hospital de las Marismas, el refugio de los hombres turbios que transitan los laberintos de la locura.

Llegaba a casa de madrugada, agotado y sombrío. Como un náufrago que se aferra a su salvavidas, buscaba el cuerpo desnudo de la mujer que, noche tras noche, sin pedir nada, lo aguardaba para enjuagar sus lágrimas de niño roto.

martes, 1 de julio de 2008

ESTRELLAS

¿Te has parado alguna vez, en mitad de la calle, cuando llegas a casa de noche, solo, a mirar las estrellas?

¿Conoces alguno de sus nombres?. La mayoría tienen origen árabe, y muchos son especialmente bellos: Alnilam, Fomalhaut, Elnat, Meissa, Adhara, Altaïr, Enif, Rasalhague. Sus significados son igualmente hermosos: Wasat, “en medio del cielo”, Muphrid, “la estrella solitaria”, Tarf, “la mirada del león”, Sadalsuud, “la estrella de la suerte”, Aldebarán, “el que sigue a las Pléyades” o Alioth, “el caballo negro”.

Descendientes de aquellos hombres que pusieron nombre a las estrellas viven hoy entre nosotros, en un número que día a día crece. Pasean a nuestro lado, acuden a la oficina de empleo, cuidan de sus hijos y compran en nuestros supermercados, ante la indiferencia y la mirada condescendiente de muchos.

Los pueblos árabes dieron vida a las historias de las Mil y Una Noches, a Sherezade, Simbad y Aladino, que llenaron de magia nuestra infancia y juventud. Fueron el origen de historiadores, científicos y poetas de la hondura y la sencillez, como Omar Khayyam. En el seno del Islam hallaron la inspiración los derviches y los contadores de historias de El Cairo.

Tal vez los pueblos árabes hayan olvidado una parte de su pasado grandioso. Quizás, para recobrarlo precisen acercarse a él de nuevo, con los sentidos abiertos a las múltiples facetas que los constituyen, a los mercaderes del Sahara, a los nómadas tuareg, a los maestros sufíes, a la cultura de los antiguos egipcios, a los constructores de la Alhambra y la mezquita de Marrakesh, a los cazadores de animales salvajes de las antiguas praderas que hoy son solo desierto, a los hombres sencillos que en la inmensa soledad de las dunas dieron nombre a las estrellas.

ROBOTS

video

Veo en la televisión que Corea del Norte ha volado la torre de refrigeración de uno de sus reactores como prueba de su falta de interés en desarrollar armas nucleares. Mi escasa inteligencia y acreditada ingenuidad no me permiten entender por qué razón Irán o Corea del Norte, países por los que no siento una especial simpatía, no pueden tener este tipo de armas y sí, en cambio, los Estados Unidos, Rusia, Francia, Gran Bretaña, Israel, China o la India, entre otros.
Más aún teniendo en cuenta que algunos de estos países, con la ayuda de otros gobiernos-franquicia, tienen un largo historial de abusos e invasiones, directas o disfrazadas, contra países supuestamente soberanos, y que han tomado la noble decisión de no responder con demasiada vehemencia, por propia incapacidad y para ahorrarnos un apocalipsis. Mi limitada cultura y mi pobre memoria no me dejan recordar las múltiples ocasiones en las que, sin duda alguna, norcoreanos e iraníes han invadido los países de su entorno para saquear sus recursos naturales.
Escucho otra noticia: en el futuro, estos países que son nuestra guía hacia el Prozac y el consumo desaforado desarrollarán sus guerras mediante robots, los cuales, según afirman, tienen grandes ventajas sobre los soldados tradicionales: nunca fallan sus disparos, no duermen, no tienen miedo ni remordimientos y les da lo mismo matar o ser matados. Tampoco sufren por perder a un compañero y son inmunes a la tortura.
Ahora tengo aún más claro lo que hace tiempo imaginaba. Vivimos en el lado bueno del mundo. Es, la verdad, un alivio.