jueves, 4 de septiembre de 2008

EL AVIÓN DE COMBATE


Avivo las llamas con puñados de hojas secas para hacer señales a los aeroplanos que cruzan el cielo. Grandes focos iluminan la noche mientras en las salas de recién nacidos vienen al mundo los hijos de la guerra, los herederos de las ciudades en ruinas.

Un piloto perdido aterriza al borde del mar, sobre la arena húmeda. La marea alta va cubriendo las alas grises del avión de combate, mientras corremos a saludar, sonrientes, a aquel que vino a encontrar nuestra muerte.

Practico un hechizo que dispersa la niebla y aguardo en silencio, con el vientre rasgado por las ráfagas de metralla, la llegada del sueño, escuchando, como en un dulce susurro, el arrullo cadencioso de las alarmas antiaéreas, los disparos lejanos, las explosiones de mis células dormidas.

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